sábado, marzo 19, 2005

Soledad

Tras varios raros pero esclarecedores eventos he comenzado a recordar a soledad, una amiga que mi temor al vacío rechaza pero, sin embargo, sigue ahí, imperceptible, conmigo, siempre conmigo, nunca se ha marchado. No sé ya ni cuantas veces le he dado la espalda a soledad por creer cuestión de pobreza espiritual su nostálgica compañía, la he juzgado mal, eso lo sé ahora, ella tiene la facultad de alimentar mi alma y de llenarme más que muchos seres reales y tangibles, apenas ayer aprendí a valorar eso.
Soledad y yo nos la llevamos bien, ella sabe perfectamente como destacar lo mejor de mí y yo de ella. En el momento de mi vida durante el cual soledad estuvo en su máximo apogeo me tendió su brazo y me enseñó a vivir, creí que me asfixiaba y moría pero ella otorgó luz a mis ojos y comprendí que tan sólo estaba ciego. Casi pude palpar a soledad cuando ésta se hizo fuerte y encuentro menos vacío en ese estado que en la sequedad de un amor casi marchito que, muy lentamente, comienza a rejuvenecer.
Tal vez soy de esos tipos solitarios... la verdad no sé, porque por mucho que aprecio a soledad no me basta su compañía, siempre, tarde o temprano, alguien la reemplaza y nuevamente la tiro al olvido, la dejo a un lado y poco o nada recuerdo lo que por mi ella hizo. Que ingratitud la mía.